El sol amanecía radiante, sus rayos indicaban que sería un día muy cálido, un día especial, ¡y vaya que lo era!. Estábamos a las puertas de un reencuentro entre dos hermanos separados por la guerra.

Nos preparamos para dirigimos hacia Santa Ana a ser testigos de un momento único, después de casi 30 años don Cornelio Chica, beneficiario de FOPROLYD y su hermana, María del Rosario Chica, se volverían a ver.

Nuestro destino era el Hogar de Ancianos Narcisa Castillo, ubicado en Santa Ana, lugar que meses atrás y gracias a la perseverancia de una trabajadora social de la institución, acogería a don Cornelio Chica, quien se encontraba en una situación de abandono, sin familia aparente y en estado delicado de salud. En nuestra visita nos comentan las madres, que don Cornelio está estable, que se despertó muy temprano, se bañó con apoyo de los cuidadores y se preparó para esperar la emotiva visita.

Mientras María del Rosario, su hermana, había emprendido el viaje a las 3:30 de la madrugada desde su lugar de residencia, ubicada en el Caserío Llano El Nance, en el municipio de Cacaopera, Morazán, con ayuda de sus vecinos quienes no dudaron en acompañarla.

¡Ha pasado tanto tiempo!, dice entre lágrimas María, ¡como tanta gente que se pierde!, la gente me decía que mi hermano estaba muerto, reitera.  Recuerda: “Las muchachas del Fondo llegaron un día a buscarme a la casa y me dijeron si lo conocía y yo dije: ¡Siiiii, él es mi hermano! ¿a dónde está?, cuenta emocionada María, mientras acaricia la cabeza de don Cornelio, su hermano.

Cornelio Chica es una persona adulta mayor con discapacidad auditiva, de 76 años, beneficiario del Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a Consecuencia del Conflicto Armado (FOPROLYD), quien durante el conflicto armado salió huyendo al igual que su familia y vecinos de su lugar de residencia ubicado en el Zapotal del municipio de Joateca, Morazán. 

“La Guerra sólo destrucciones hizo”, dice. Del conflicto sólo recuerda que “cayó una bomba y allí reventó, milagrosamente estamos vivos, ¡allí Dios hizo la obra!. No porque chingaste me hubieran hecho”, nos cuenta. Don Cornelio ya no recuerda detalles, olvida con facilidad, pero en sus momentos de mayor lucidez recordó a su familia y amigos de su natal Zapotal.

Por su parte, entre suspiros María recuerda: “todos salimos huyendo, cada quien agarró por su lado, anduvimos viviendo en casas ajenas”.  De él nadie dio referencia, comenta. Era catequista de la Iglesia, solloza, pero “Yo sabía que nos íbamos a volver a ver”, sonríe emocionada.

En medio de la conversación don Cornelio, quien se traslada en silla de ruedas, se acerca a su hermana, e interviene diciéndole: ¿y don Abelino que fin tuvo? ¡Tiempos murió¡, responde María, y ¿Héctor?, ¡uhhhh todos murieron ya!, insiste María a su hermano.

El tiempo pone todo en su lugar. Fue en junio pasado que FOPROLYD recibió una llamada en la que mencionaban que don Cornelio estaba delicado de salud. La visita no tardó en realizarse, profesionales de la institución llegaron a la Colonia Santa Rosa de Cuscatancingo a verificar las condiciones en la que se encontraba don Cornelio. Efectivamente presentaba desnutrición, tenía una fractura de rodilla, estaba residiendo en un cuarto oscuro abandonado y húmedo, en condiciones de difícil acceso, por lo que se dificultaba su salida para la búsqueda de alimentación, dicen los reportes.

Don Cornelio estaba viviendo cerca de unos vecinos en un cuarto insalubre que se aproximaba a una quebrada de aguas negras de la zona, indicaba que no tenía familia, nunca se casó ni tuvo hijos.

Él fue como un padre para mí, nos dice María,  él me cuidaba”, “me siento muy contenta y por ratos me pega la llorona también, nos comenta mientras toma la mano de su hermano y sonríe.

“Me siento muy bien aquí”, dice don Cornelio, entre suspiros, “donde estaba antes estaba feo”, replica. “Como todavía soy pensionado, cada mes me pasan cierta cantidad de dinero. Aquí me dan de todo, aquí me siento bien”.

Dios siempre le envía un ángel a uno, muchas gracias porque me atienden a mi hermano, dice María. Y es que FOPROLYD como parte de la estrategia de Gestión de Casos y de Acercamiento a beneficiarios, desde el año 2014, brinda especial atención a las personas beneficiarias vulnerables en condiciones difíciles como en la que se encontraba don Cornelio, transformando positivamente la situación de las personas beneficiarias con mayores limitaciones de acceso.

Fue él mismo (don Cornelio) quien al visitarlo un par de veces en el Hogar Narcisa Castillo y después de entrar en confianza con la profesional que ha estado en todo el proceso de rehabilitación y búsqueda de un hogar, Licda. Ana Rosa Rivas, trabajadora social de FOPROLYD,  le comentó en un momento de lucidez que tenía familia y que se encontraba en Morazán.

Tanto don Cornelio como María del Rosario, sellan su encuentro con un abrazo, con la promesa que pronto visitará su añorado Morazán, donde dejó muchos recuerdos, sueños, pero principalmente a su familia. ¡Voy a ir a visitarlos. Si voy a ir!, concluye don Cornelio.